Algunos nombres..., Rembrant, Miguel Angel, Bruegel, Rousseu, Gaugen, Tamayo, Kandinsky, Klee, Klimt, Millet, Bacon, Turner, Tapiès, Rothko, Gris, Soto, Moore, Hepworth, Braque, Miró, Picasso, Matisse, Bourdelle, Rodin, El Greco. Mi memoria es frágil, Gabo, Lipchitz, Archipenko, Tatlin, Brancusi, Duchamp, Ernst, Lam, Arp, Heckel, Giacometti. Seguro que olvido y me acuerdo de los que hablaron para mí. Termino Carlos Alonso, Dompé, Distéfano y Gamarra.
Pensaba en ellos..., desde las pinturas rupestres y las venus de la fertilidad... para acá, esto viene a cuento de que quiero ser artista. Poder decirlo, es haber superado cierta modestia, en mi caso dañina. Categoría demasiado grande, que uno siempre pensó que es para pocos.
Vemos que si nos ponemos en una perspectiva histórica, se complica y bastaría pensar en cualquiera de los antes mencionados para salir con la bici a repartir pizza.
Pero si la perspectiva es de una vida, de nuestra propia vida, nos podemos empezar a relajar un poco.
Decirlo, no solo es decirlo, más allá de todo, de todas las circunstancias. Es poder serlo, intentarlo...
Somos bípedos implumes, como diría Morel, con necesidades de distinta índole, somos, padres, hijos, recurrimos a amigos, necesitamos una pareja, deseamos no estar solos.
No podemos evitarlo, estos vínculos nos preexisten o nos dan continuidad, hay historia, cultura. La vida es todo esto, más nuestra realización personal y uno debiera poder construir en todos estos planos equilibradamente.
De todas maneras considerando que no somos dioses, si prima la vida en las circunstancias difíciles, podemos darnos por contentos.
Soñé que el sol había caído en el granero de la granja. Solo se escuchaba una monótona lluvia, él estaba joven. Había dispuesto todo, sabía que su mujer se estaba encargando de cocinar la cena y de cuidar a su hijita, tenía tiempo. Prendió la fragua, los carbones levantaron temperatura, agitado terminó de atar el molde y lo recubrió con alfalfa con barro para que resistiera.
Con un brillo en los ojos, mientras miraba burbujear el metal, Henri deseo que su esposa no necesitase la vieja olla de plomo. Mientras esperaba, abrió el portón y se asomo a la noche.
Un dato que me enteré hace poco es que Vincent Van Gogh trabajo como artista, solamente durante ocho años de su vida. En ese lapso aproximado pintó 750 cuadros, 1600 dibujos y escribió 700 cartas conmovedoras a su hermano Theo. En 1885 pinta ese cuadro sombrío de “los comedores de papa”, por la fecha fue de los primeros. Yo imagino que lo hizo de memoria un día que estaba muy triste. El había sido evangelizador en las minas de Wasnes, Bélgica.
En la imagen se percibe una atmósfera de cansancio, silencio, desesperanza y espera, algo que él había conocido demasiado bien cuando estaba en la minas y se mataba también para ganarse la aprobación de un padre demasiado rígido.
Le pusieron el mismo nombre del hermano, éste nace muerto, el mismo día que él nace, 30 de marzo, exactamente un año atrás. Se quitó la vida en 1890. Sobrevivió a su sombra, 37 años.
Brancusi salió de su pueblito de Hobitza, Rumania, llevaba un bolsón viejo, roído y sus mejores botas, no más. Esa primera noche se habrá detenido cansado al reparo de un pequeño bosque. Con su pequeña talla en las manos miro las estrellas ocultas entre las ramas de los árboles. ¿Habrá pedido un deseo?, ¿se habrá preguntado por como estarían sus ovejas? Si lo habría perdonado su madre?, o como sería Marcel, ese hombre por el que tenía que preguntar en Paris.
Lo imagino a Goya, pintando de noche a la luz de un candelabro, apurando con vino una cuchara de morfina, para disminuir los dolores que le provocaba su enfermedad.
Nadie para describir mejor la crueldad y las miserias que él con esos personajes grotescos y monstruosos. Nadie mejor para traducir el horror de la guerra. La luz le da sobre su rostro moreno ensortijado. El pelotón dispara, él está crucificado, con los brazos abiertos queriendo agarrar toda la vida, hay un momento antes de caer, que Goya tiene el arte de eternizar, la dignidad lo sostiene.
La obra es por lo que a los artistas se los conoce y reconoce. Su vida real aún en vida desaparece, para la mayoría de la gente que no la conoce no tiene importancia.
Será por eso y para ir acostumbrándonos, cuando terminamos un trabajo sentimos esa sensación de extrañamiento, como si lo hubiera hecho otro.
2006.Buenos Aires.

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